
Esta es una poesía que aprendí en la Escuela, porque en mis tiempos, a los niños no nos pasaba nada malo por memorizar cosas. Luego la recitábamos delante de nuestros compañeros, con lo cual, aprendíamos a entonar las lecturas a respetar los signos de ortografía y además, perdíamos las vergüenzas tontas de hablar en público. Yo creo que de entonces me viene a mí ser un poco payasa.
Os imaginaréis cómo llorábamos con el final.
La poesía es esta:
Caperucita encarnada
-Caperucita, la más pequeña
de mis amigas ¿en donde está?
-Al viejo bosque se fue por leña,
por leña seca para amasar.
-Caperucita, di ¿no ha venido?
¿como tan tarde no regresó?
-Tras ella todos al bosque han ido
pero ninguno se la encontró.
-Decidme, niños ¿qué es lo que os pasa?
¿Qué mala nueva llegó a la casa?
¿Porqué esos llantos?¿Por qué esos gritos?
¿Caperucita no regresó?
-Solo trajeron sus zapatitos.
-Dicen que el lobo se la comió.
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